Retablos, pinturas y platería

Desde su fusión con la Cofradía de la Caridad, la Hermandad de la Vera Cruz pasó a engrosar su patrimonio artístico con varias piezas pertenecientes a aquella antigua corporación desde su asentamiento en el desaparecido Hospital de San Juan de Dios o Santa Bárbara, allá por la centuria decimonónica. Todas ellas, en especial el retablo de la Virgen de la Luz y el de San Antonio de Padua, se depositan en la actualidad en las naves laterales de la Colegiata de Santa María.

Retablo de la Virgen de La Luz

Realizado en 1633 por Francisco García de los Piñales y Domingo Pereira, este retablo se organiza a través de un banco de significativas proporciones marcado con el emblema hospitalario y un majestuoso primer cuerpo de basta amplitud, cuyo remate fue separado del conjunto, por problemas estructurales, y se localiza hoy en la sala capitular de esta misma iglesia. El primer cuerpo, y por tanto el único del retablo, aparece diferenciado en dos partes bien definidas. Sobre el paramento, y como telón de fondo de la voluminosa hornacina central, un extenso paño de madera jaspeado da paso en sus laterales a dos destacadas columnas doradas de alto pedestal, fustes decorados con puntas de diamantes y capitel de orden compuesto. Adaptado al juego de entrantes y salientes que impone el perfil del retablo, el friso del remate alterna los motivos denticulados y las escuetas inscripciones laterales con una cornisa a base de sucesivas molduras lisas. A partir de esta estructura, un volumen central añadido en el siglo XVIII -con fondo de tonos grisáceos y ornamentación dorada- se adelanta impetuosamente, completando tres bloques superpuestos; el primero de ellos –más estrecho en su volumen- hace la veces de sagrario, el segundo –en forma de templete, con columnas de orden compuesto y cornisa de acusados quiebros- sirve de hornacina central para la imagen titular, y el tercero repite con menores dimensiones la forma anterior para albergar la imagen de San Pedro Mártir, introduciendo variantes en la disposición de los elementos ornamentales.

Retablo de San Antonio de Padua

De estilo rococó, este retablo de finales del siglo XVIII se caracteriza –al igual que el de la capilla de Nuestro Señor del Perdón- por mostrar una perfecta conjunción entre las superficies jaspeadas y los motivos dorados. De un estrecho banco donde campea el emblema hospitalario de la Granada con la Cruz, parten cuatro pilastras aderezadas con guirnaldas vegetales, de las que las dos centrales se cierran en un arco conopial conformando la hornacina central y las dos extremas vienen a morir en un movido entablamento con distintos entrantes y salientes. El ático, algo retranqueado, se remata por una cimera mixtilínea decorada con rocallas y tornapuntas, jarrones de azucenas y un sol incandescente con las pinturas del Corazón doloroso de Jesús y María. Los perfiles laterales del retablo se completan con aletones calados en pan de oro a base de rocalla y elementos vegetales.

El Calvario

Conservado hoy en la Sala Capitular de la Colegiata de Santa María, esta pintura representativa del Calvario del siglo XVII se corresponde con el último cuerpo o ático del retablo de la Virgen de la Luz. Esta pieza fue desmontada cuando se produjo el traslado hasta la iglesia de Santa María por estorbar la visión de una de las vidrieras. El lienzo en sí, se halla resguardado por un robusto marco a modo de frontis arquitectónico compuesto por dos pilastras estriadas, entablamento liso de cornisa denticulada y frontón curvo partido de superficie avenerada. La representación tenebrista del Calvario prescinde de todo reducto contextual mediante el oscurecimiento del fondo, para resaltar, así, las figuras que trazan una perfecta composición triangular. De este modo, un Crucificado de forzado escorzo y desacertado tratamiento anatómico preside la escena flanqueado por las figuras de la Virgen María y San Juan Evangelista, las cuales aparecen erguidos de perfil con un gesto de dolor contenido expresado principalmente mediante las manos juntas y un rostro descompuesto de mirada elevada.

Relicario de San Juan de Dios

También obtenido a través de la Cofradía de la Caridad, la Hermandad de la Vera Cruz cuenta con un relicario en plata de estilo rococó que contiene un fragmento de hueso del fundador de la Orden Hospitalaria, el Padre de los Pobres San Juan de Dios. Con una base cuadrilobulada, el pie del relicario-ostensorio se estructura a partir de una pestaña lisa donde se incluye la inscripción con la fecha de su hechura y el nombre del donante: LO DIO DE LIMOSNA EL Rdo. PADRE GENERAL FR. AGUSTÍN PÉREZ VALLADOLID AÑO DE 1791. El resto del pie describe un perfil abombado, decorándose en cada uno de sus cuatro lóbulos con guirnaldas circulares en leves incisiones que contienen el nombre del santo al que pertenece la reliquia: RELIQUIA / DE / SAN JUAN / DE DIOS. Un ástil piriforme invertido da paso a un viril con una abigarrada decoración de rocallas sólo interrumpida por cabezas de querubines. En el centro, y visible por el cristal en forma de óvalo, una espiga dorada con el hueso de San Juan de Dios sirve de base a un remate dotado del emblema hospitalario de la Granada que precede a la Estrella y la Cruz, escoltado con dos querubines de inestable posición.